Cómo afecta morderse las uñas a tus dientes
- clinicalamerced
- 9 feb
- 2 Min. de lectura
Morderse las uñas es un hábito que casi siempre empieza por puro nerviosismo o aburrimiento. Aunque parezca algo inofensivo que solo afecta a la estética de las manos, la realidad es que tus dientes sufren mucho con este gesto. Es una presión constante y repetitiva que, a la larga, acaba pasando factura a la salud de tu boca sin que apenas te des cuenta.
No se trata solo de un problema de imagen; es una agresión directa al esmalte y a la posición de tus piezas dentales que conviene frenar cuanto antes.
El desgaste real en tus piezas dentales
Al morder las uñas, los dientes chocan entre sí de una forma para la que no están preparados. Este roce continuo provoca pequeñas fisuras y astillamientos en los bordes de los dientes frontales, que son los que más trabajan en este hábito. Con el tiempo, el esmalte se desgasta y los dientes pueden volverse más sensibles o incluso verse más cortos y desiguales.
Si además llevas algún tratamiento de estética, como carillas o fundas, el riesgo es todavía mayor. La fuerza que haces al morder algo tan resistente como la uña puede romper o despegar estos materiales, obligándote a pasar por el dentista antes de lo previsto.
Infecciones y problemas en la mandíbula
Las manos están en contacto con todo tipo de superficies y acumulan bacterias que pasan directamente a tu boca cada vez que te muerdes una uña. Esto aumenta mucho las probabilidades de sufrir infecciones en las encías, llagas o aftas que resultan muy molestas en el día a día.
Pero el daño no se queda solo en la superficie. Forzar la mandíbula para alcanzar la uña y cortarla hace que la articulación sufra una tensión innecesaria. Es muy común que quienes tienen este hábito acaben con dolores de mandíbula, ruidos al abrir la boca o incluso dolores de cabeza tensionales por culpa de ese esfuerzo muscular constante.
Cómo afecta a la posición de los dientes
Si el hábito es muy frecuente y viene desde la infancia, la presión puede llegar a desplazar los dientes. Al empujarlos continuamente con el dedo o con la propia fuerza de la mordida, las piezas pueden torcerse o crear espacios donde antes no los había.
Si estás en pleno tratamiento de ortodoncia, morderse las uñas es todavía más peligroso, ya que interfiere con los movimientos que los brackets o alineadores están intentando conseguir, alargando el tiempo de tratamiento.
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